El cuarto era iluminado por la luz tenue de una vela que había encendido con anterioridad, la coloque en el centro del cuarto no muy lejos de mi con el propósito de que adornara cada esquina. Luego en la comodidad de mi sillón sentado me percate de la hora.
Conocía muy bien el cuarto; pero me di cuenta que había algo fuera de lo normal Examine el cuarto con detenimiento; sin embargo no me era posible identificar que era esto que hacia diferente el cuarto que conocía y el cuarto en el que me encontraba el cual era invadido por una agobiante irregularidad.
La luz tenue, los muebles viejos, los cuadros firmes, los libros empolvados, la imposición del silencio y esa leve oscuridad; aunque eran los mismos del cuarto que conocía ahora no eran leves indicios u conjeturas para determinar la autenticidad del cuarto. Mientras examinaba el cuarto me fue posible percibir un olor muy particular el cual relacione con orquídeas o así creía. La rara atmosfera y la ambigüedad del cuarto que invadía hasta el último rincón tenía ese olor el cual era muy peculiar: una fragancia como orquídeas, tal vez como lirios, definitivamente eran flores; aunque era irrelevante, muy bien sabía que el olor era similar al de una necrópolis. Me dominaba una inquietud y quería saber donde diablos me encontraba. Inmerso en ese olor que a medida que pasaba el tiempo se incrementaba, el mismo se empezó a alojar en mis fosas nasales y luego en mi garganta. Me quede pasmado, luego vislumbre algo en el fondo de este cuarto, en el cual nunca había estado, fui testigo de como ese olor junto a la maldita oscuridad se tornaba visible.
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