lunes, 16 de junio de 2008

Contra el ocaso de la existencia (contra el mal)

La vida es injusta, necesitamos aceptarlo, existe un mal que nos aparta de esta y ahora me hace examinar la vida desde otra perspectiva. La vida es tan corta como un destello, un resplandor de la luz. No se puede dejar de perturbar esta trayectoria o detenerla, por los actos egoístas de otros. Al curvarse es demasiado difícil, para el propio ser; regresar a su propio destino inicial. A sus propias metas, objetivos, elecciones, ante lo que le resta de su existencia. Siguiendo el razonamiento anterior se concluye prematuramente la necesidad de eliminar, suprimir esas asiduas turbaciones, para su propio fin.


Sin embargo las religiones han demostrado a través de la historia que no cura, ni remueve estas perturbaciones; solo ablanda al ser afectado, mermándolo tanto; tristemente dejando seguir el sufrimiento hasta el término innatural de su vida. No podemos seguir incidiendo en el mismo error, las religiones no nos ayudan a solucionar este mal, (no estoy tratando de desacreditar a la religión, sin esta el mundo sería un caos, no podemos llamarla, ni aferrarnos a esta. Sería un acto muy egoísta de nosotros en apoyarnos en esta). No se debe, ni debemos vivir en eterno lamento, necesitamos tener el valor (el coraje) de enfrentar al mal, no es valor sino deber. Lamentablemente siempre lo hemos tomado como la obtención del valor, sin duda nos ciega la hipocresía. Esta carencia o falta de valor se debe a los sentimientos que se han cosechado durante cierto tiempo, con este ser portador de nuestro mal; no podemos dejar que nuestra propia conciencia nos traicione. Es nociva para nuestra esencia, si no lo impedimos melancólicamente estaríamos negándonos la existencia.

Escrito por Mario Ch.

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