jueves, 12 de junio de 2008

En otro triste ocaso...

Gran afrenta a la humanidad es quien desperdicia sus dones y estos perecen como flor cultivada en desérticos lares, pero gran castigo es para el alma del ente cuyos dones crecen como planta perenne y su belleza es mutilada por la carestía de creatividad. La impetuosa fuerza del pensador es mermada por su falta de imaginación y en su agonía intelectual no le queda más remedio que plasmar sus palabras deseando que tal letargo, provocado por una errada flecha de cupido, acabe pronto.

Escrito por Javier

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